Es muy difícil hacer las cosas más simples cuando uno está abrumado en tanta “realidad” acelerada y confusa.
No logré dormir hasta las 07:00 am, cuando ya no era la noche del martes, si no la mañana del miércoles y el sol aparecía por los agujeros de la persiana dibujando puntitos en la pared.
Los dias que la cabeza piensa de más y genera escenas de un casi imposible futuro, pero que en ese momento pareciera ser algo totalmente viable, sin dudas son de las mas dificiles y eternas.
Esta vez decidí moverme y no acomodarme en esa obra sin fin que generaba mi mente. Me puse las medias, agarre un buzo y subí hasta la terraza de mi edificio para ver el amanecer.
El cielo estaba totalmente despejado con muchas tonalidades de naranja y celeste. El sol se asomaba entre dos edificios de ladrillos que hay en esta zona de la rambla de Montevideo.
De a poco empezaba a salir la gente de sus casas, la rambla se poblaba de autos y personas haciendo deporte, algunos con sus mascotas y otras solas con su música.
El ruido de la ciudad opacaba el canto de los pájaros, Montevideo se puso en marcha y yo seguía sin apagarme.
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