Alguna vez leí a Franco Rivero que decía "entonces mi corazón late pequeño entre todo y soy un anfibio, un insecto más que entona por instinto" y pensé ¿Cuánta vida hay en el croar de una rana o en el ruido que hace un grillo? En lo vasto que es el mundo que hace que sea tan insignificante el latir de un corazón.
Y vuelvo a preguntarme ¿Si casi nadie pasa por aquí, en este silencio, quién ejecuta la música? Y la respuesta viene a mí de manera sinfónica al evocar en mi memoria el sonido imperceptible de la nada o pensar que en un momento estás solo y de repente llega un autor desconocido e interpreta su mejor canción nocturna.
La soledad no es tal si pensamos que nunca estamos solos. En la inmensidad de la noche podemos admirar el fulgor de las estrellas y pedir un deseo a aquella que, por alguna razón, decidió mudarse de sitio; o durante el día, el viento nos susurra historias de otros pagos mientras sigue su viaje , llevándose consigo nuestros secretos.
La soledad se vuelve etérea cuando disfrutamos todo a nuestro alrededor y pasamos tiempo con nosotros mismos. Nunca hay silencio, porque incluso en soledad, los pensamientos se vuelven una exquisita melodía o el arrastrar del lápiz se convierte en una conversación a medida que pasan los trazos.
Somos una parte ínfima de un todo y es difícil encajar cuando ya no puedes oírte a ti mismo. A veces es necesario despegarse del montón, ver desde otro punto, tener otra perspectiva de cómo son las cosas.
Solo quién puede oír la soledad del corazón sabe quién vive en el latido del silencio.

Camila Foresi
Escritora nacida en la primavera del 83´en Bahía Blanca. Autora de Margarita (2021), trabajando en la próxima obra. Hago lo que amo y me apasiona. Escribo porque me hace libre.
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