mobile isologo
search...

Incondicional

Mar 29, 2026

1
Incondicional
Start writing for free on quaderno

Papá. Otro año, un nuevo capítulo.

No es la primera vez que te escribo. En estos últimos años te escribí una, dos, muchas cartas que he dejado a un lado. Nunca te las di porque preferí guardarlas para mí, en aquel baúl de escritos que atesoro.

Algunas las rompí porque confieso que, más de una vez, la bronca y la impotencia se apoderaron de mí. Entonces pensé: no reflejan lo que en verdad quiero decir. Otras todavía andan por ahí, en algún archivo o cajón de mis psicólogos.

Pero si todavía estás ahí, ya pasaron varios años desde que comencé esta nota. Se ha transformado y mutado, como lo hacemos nosotros cada año. ¿Qué mejor manera de arrancar tu cumpleaños que comunicando? Lo mejor que sé hacer y a lo que me dedico: ordenar palabras y pensamientos. Pero esta vez, son solo para vos.

Todo lo que algún día no dije, todo lo que guardé por vergüenza y rencor, luego de tomar una distancia mental, lo vuelco en puño y letra.

El tiempo ya hizo su paso, y el sufrimiento ha cesado por un rato. Noches y noches donde solo podía llorar, y ninguna droga ni ningún cariño ajeno podían calmar aquella angustia que arrastré desde niña.

Pero lejos de odiar o buscar culpables, solo busco exteriorizar mis razonamientos y mis pensamientos. Lejos de culparte, busco perdonarte.

Quiero que sepas que siempre te extraño, constantemente. Guardo diarios llenos de memorias extraordinarias que dejaste en mí.

A veces cierro los ojos y juro poder escuchar algún instrumental de salsa o bachata, de esas que solías poner en la casa un sábado a la madrugada. Si habré crecido con buenos ritmos desde chica.

Te recuerdo bailar y mi corazón se ensancha. Recuerdo reír con tus chistes y el amor que sentía en cada abrazo que nos dábamos. Incluso si no nos vemos por mucho tiempo, en el reencuentro aún se sienten enormes.

Abrazos de oso, de esos que solo siente una hija cuando es avalancha por la contención de un padre que, tal vez, esperó meses para volverla a ver.

Todo me lleva de vuelta a nuestros juegos en la cocina, en esa casa vieja del centro que tanto te disgustaba.

Siempre me agarrabas y me ponías patas para arriba, solo para molestarme, solo para hacerme reír. ¡Y cómo lo hacías!

Los recuerdos aún son muy crudos, se sienten vivos por sí mismos. Tan presentes que a veces la línea temporal se desdibuja y no sé si eso pasó hoy mismo, ayer o si tan solo es un recuerdo tan antiguo como el tiempo.

Pero lo único que aún mantengo es la certeza de que aún lo extraño.

Recuerdo las canciones que me cantabas en la pieza, la música que te gustaba, cómo me llamabas por mi nombre cuando me mandaba alguna macana, cómo expresabas tu amor cada vez que me arropabas en la cama.

E incluso cuando estaba sola y deseaba que llegaras pronto del trabajo, tu cara se aparecía en mi mente y sabía que pronto todo estaría bien.

Cuando voy caminando por la calle, aún te siento en ese aroma desconocido de la colonia de algún extraño que pasó y me recordó a vos. Pero claro que te extraño: vaya a donde vaya, haga lo que haga, siempre estás ahí conmigo.

Por eso mismo no te culpo, porque soy consciente de lo que soy y en lo que me convertí gracias a vos.

En todos los años de amor y felicidad que me otorgaste, ese gran soporte que fuiste en mi vida, el tiempo que pudiste; siempre a tu manera y en la medida que podías.

Tantas cosas que se podrían haber corregido y mejorado, pero ya no tiene sentido pensar en los errores cometidos.

La labor de perdonar siempre será mía, y sé que siempre puedo contar con vos para hacerme compañía en cada decisión que tome, en cada paso que dé.

El cordón que nos une, ese que entrelaza tu corazón con el mío, es inquebrantable. Es incondicional, y palpita fuerte cada vez que estamos juntos, muestra de lo poderosos que somos juntos. Siempre juntos.

Pa, yo siempre te voy a perdonar. Porque sano por vos cada día de mi vida.

A veces medito, otras le rezo a Dios, por vos, por mí.
Me cuido y te cuido espiritualmente, porque sos de lo más valioso que tengo, y de lo más preciado también.

Sería falso pensar que nuestro vínculo alguna vez no me dolió, porque lo hizo: me hirió más de una vez. Pero espero que mi perdón sea el motor de un cambio para mejor, de un avance. Porque sin perdón no hay transformación, no hay prosperidad; no hay amor.

En estos veintitantos años dolieron muchas cosas. El sentir que por momentos no querías ser esa figura paterna para mí, y me carcomía saber que no pudiste compartir muchos momentos importantes conmigo.

Tu traición a mamá, y que por momentos preferiste mentir antes que admitir que estabas en un lugar donde no te hacía feliz. Que cuando te separaste no pudiste contra tu alma conflictiva y resentida. 

Y por momentos sentí que jamás te iba a perdonar por criticar a mamá de la manera en la que lo hiciste. Mucho menos por amenazar desde la impotencia de no poder ser correspondido en ese amar.

Por mucho tiempo me sentí desplazada de tu vida, donde siempre había otra mujer que era más especial.

Hay cosas que todavía no puedo olvidar. Por eso, durante mucho tiempo opté por la distancia, por reflexionar.

También me arrepiento por las veces que actué de manera alocada, que me dejé llevar por la ira en mi corazón. Por todos los momentos feos que te hice pasar, por todas las decisiones dolorosas del pasado que tomé en afán de lastimarte.
Nunca me lo voy a perdonar.

Te arrebaté de casi todos los hechos importantes que un padre podría desear, pero el tiempo me reveló la verdad. Las heridas sanaron y ahora ambos sabemos lo que implica cargar con tanto dolor, lo que es querer recibir un mínimo de redención.

Con el tiempo crecí, y con ello también toqué fondo. En esa profundidad comprendí lo que había detrás de ese padre que tanto idealizaba, que tanto critiqué, que tanto lloré.

Había un hombre frágil, en el mejor de los sentidos.
Un hombre sentimental, amoroso, que hubiera dado todo por sus hijas.

Un hombre real, de carne y hueso, lejos de estar exento de cometer errores.
Un tipo que alguna vez fue chico,
que atravesó duras épocas,
malas circunstancias,
que también sufrió y sintió su corazón romperse varias veces.

Un padre joven que, lejos de decidir muchas cosas de su vida, el universo se las otorgó.
Y él supo estar fuerte y mantenerse a la altura para sobrellevarlas.

Entonces, de pronto, aquel padre se transformó en un hombre de hierro para mí.

El que salía todos los días a conseguir el pan para sus hijas.
El que no estaba porque no podía, no porque no quería.
El que estaba limitado por sus opciones, pero siempre supo cómo salir adelante.
El que disfrutaba cada momento conmigo como si fuera el último.
El que me amaba mucho, a pesar de que era introvertido con sus emociones.
El que no sabía demostrar afecto, pero siempre sabía sacarte una sonrisa.

Ese que también tenía problemas y a nadie que lo contuviera.
Ese que tuvo errores, lidió con conflictos externos, que tal vez lloró en silencio, pero nunca se rindió.
Ese que priorizó lo que sintió correcto, como cualquiera de nosotros hubiera hecho.
Ese que también tenía una vida aparte de su familia.
Ese que tuvo miles de exigencias desde afuera.
Ese que es tan humano como yo.

Al que entiendo y abrazo, sabiendo que ningún viejo es tan fuerte como el mío.
A ese por el que daría mi vida por seguir escuchándolo, abrazándolo y divertirme junto a él.

Y ojalá unas simples palabras bastaran para sanar todo lo que nadie nunca pudo. Por eso, quiero recordarte que pase lo que pase, yo te amo, te entiendo y te perdono.
Siempre va a haber un lugar en mi corazón donde refugiarse, en donde sentirte amado, porque sos mi guerrero, mi hombre de hierro; mi incondicional.

Mar ₊✩‧₊˚౨ৎ˚

Comments

There are no comments yet, be the first!

You must be logged in to comment

Log in