Salgo a nuestra ciudad; camino sin dirección por las calles que guardan mi historia.
Salgo a buscar respuestas a las preguntas que me atormentan por las noches.
Le pregunto a los semáforos si todo va a estar bien; ellos me responden: «no lo sé».
Los pájaros me cantan nuestra canción. Sonrío vagamente.
Miro los carteles con nuestros nombres grabados y empiezo a creer que no puedo escapar.
Me siento en nuestro lugar y veo la vida pasar.
Dejo que el viento me acaricie la cara con los ojos cerrados.
Por un pequeño instante, en el lugar vacío que siempre te guardo, te empiezo a sentir a mi lado.
Soy débil: no quiero la amargura de la realidad, no quiero abrir los ojos.
Me dejo llevar por el momento.
Ahora puedo sentir tus manos sobre mí; puedo sentir tu calor, tu olor, tu alma.
Las lágrimas empiezan a brotar, el dolor golpea mi corazón, mi cuerpo tiembla.
No quiero abrir los ojos.
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