Deja que tus ojos duerman
mientras el mundo se destroza
en ruinas.
Y tú te vas,
descansando sobre cortinas.
Deja que tus recuerdos
se los lleve tu alma,
y tus traumas
y lo que la fría nieve dejó
se lo quede tu cuerpo maltratado.
Muñeca,
deja que las mariposas
pasen por tu cara,
que tus pupilas se prudan
viendo la tierra.
Deja que tus huesos
se combinen con este mundo
corrupto,
y tú, deja estas cuerdas
que te atan,
esas inseguridades
que te hacen decaer
por pesadillas.
Deja soñar,
deja bailar,
vuélvete traviesa
como de niña.
Recuerda a mamá
con su sonrisa;
caminar descalza,
desaparecer como una idea.
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