No es que no quiera traer un hijo al mundo,
es que el mundo parece cada vez más profundo,
más oscuro, más frío, más lleno de silencio,
más lleno de nombres que se pierden con el tiempo.
No es que le tema a la vida ni a la maternidad,
le temo a la crueldad disfrazada de normalidad,
a los pasos apurados al volver al hogar,
a los mensajes de "llegué bien ma" para poder respirar.
Porque si nace niña, ¿qué le voy a enseñar?
¿Que mire hacia atrás cuando salga a caminar?
¿Que esconda las llaves entre los dedos por temor?
¿Que aprenda demasiado pronto lo que es el horror?
Si nace niña, tendré miedo cada día,
miedo cuando se ría, cuando vuelva, cuando parta en la vía,
cuando diga "mamá, salgo un rato y vuelvo después",
porque sé que hay madres esperando y no las ven otra vez.
No quiero enseñarle a vivir con precaución,
ni que el miedo se convierta en su segunda piel, su canción,
no quiero que aprenda que el peligro es habitual,
ni que ser mujer implique un riesgo natural.
Quiero que corra libre bajo el cielo de verano,
que no tenga que apretar el teléfono en la mano,
que pueda volver tarde sin pedir perdón,
que no mida su ropa por temor a una agresión.
Pero miro las noticias y me cuesta imaginar,
cómo explicarle que hay quienes eligen lastimar,
cómo decirle que existen hombres que creen tener derecho,
a romper sueños, vidas, cuerpos y pechos.
Y me duele porque ella ni siquiera nació,
pero el miedo por cuidarla ya en mi pecho floreció,
como una herida abierta que se niega a cerrar,
como un grito colectivo que no deja de sonar.
No es que no quiera una niña con mis ojos o mi voz,
que herede mis canciones o se parezca un poco a vos,
es que me aterra pensar que deba crecer,
aprendiendo a sobrevivir antes que a simplemente ser.
Porque quiero verla bailar sin preocupaciones,
hacer amigos, escribir miles de canciones,
enamorarse sin miedo, equivocarse también,
vivir una vida completa, no una marcada por el "¿y si alguien...?".
Y mientras las calles se llenan de reclamos,
de carteles, de nombres, de lágrimas y manos,
entiendo que esta lucha no nació por casualidad,
nació porque demasiadas ya perdieron su libertad.
No quiero una niña que aprenda a tener miedo,
quiero una niña que corra detrás de sus sueños,
que el mundo la reciba con respeto y dignidad,
y no con advertencias disfrazadas de realidad.
Por eso hoy levanto la voz entre la multitud,
porque ninguna debería perder su juventud,
porque ninguna madre debería preguntarse dónde está,
ni esperar junto a una puerta que nunca se abrirá.
Y tal vez algún día pueda volver a pensar,
en traer una niña sin temor a temblar,
cuando las calles no guarden amenazas escondidas,
cuando el valor de una mujer no se mida por sus heridas.
Ese día miraré el futuro sin dolor,
sin cargar en el pecho esta sombra, este temor,
y podré decirle al mundo, con el alma encendida:
"Sí quiero una niña,
porque por fin sé que podrá vivir su vida."
#NiUnaMenos. 💜
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