Te pienso,
no con la mente domesticada que suplica rutina, sino con la fiebre que desborda cada frontera, con esta lengua que pronuncia tu nombre
como conjuro que sangra redención.
Eres la chispa que me arde sin permiso, la grieta luminosa en mi pecho de sombras,
y cuando pienso futuro,
no imagino contratos ni relojes, imagino tu voz pariendo auroras mientras mi piel memoriza tus caminos.
He caminado campos de fuego donde todo era ruina y cicatriz, y en medio de ese derrumbe brotaste tú,
hermosa, irrepetible,
con la pureza indomable de quien no se mendiga, sino que se regala
con la brutalidad de lo sincero.
Sigo siendo un caos de carne y memoria, un hombre que a veces llora su soledad
con la rabia de quien no aprendió a perdonarse, pero el milagro es que
aun roto me reconoces,
me miras sin parpadeo,
me ofreces la orilla limpia de tu ternura para que repose mi naufragio.
Y eso, amor,
es un evangelio que reescribo a cada segundo.
Podría hacer de ti un ídolo de barro, de esos que la lluvia devora,
pero prefiero que seas barro vivo, manos moldeándome el alma,
boca que me salva de mi propio exilio.
Podría escribir mil versos pornográficos, pero este amor es otra carne,
una carne que trasciende, que late sin pudor,
que se limpia de culpas, y dice:
“soy tuyo”
con la certeza limpia de quien ya no teme al fracaso.
Te busco con el hambre de mis inviernos,
te toco con las manos incendiadas de mi verano, te pronuncio con la garganta
de todas mis primaveras marchitas renaciendo de nuevo.
¿Sabes?
si alguna vez te perdiera, me perdería conmigo mismo,
porque contigo aprendí a no ser ruina, a construir palabra a palabra
un refugio que me resista.
Así te amo: como quien ve un muro y decide abrir ventanas,
como quien sobrevive a su propio abismo y se atreve a regalar su latido
a un milagro inesperado.
Sueño contigo
y en el sueño no hay calendario ni vencimiento,
solo hay futuro
y en ese futuro cabemos los dos,
cabemos enteros, sin mutilarnos la risa.
Te sueño de la mano, sin cadenas,
con tus pasos y los míos danzando en la misma melodía,
una melodía nueva
que no repite la sinfonía amarga de la soledad.
Me veo contigo mirando techos alquilados,
compartiendo el pan y el insomnio, cuidándonos las heridas
como dos soldados después de la guerra, limpiando las balas
que otros nos dispararon en el pecho.
Quiero futuro, pero contigo, quiero progreso, pero contigo,
quiero reconstruirme, pero contigo,
porque si algo me salvó de mi propio naufragio fue tu forma de pronunciar mi nombre
sin asco, sin huir,
sin etiquetarme como causa perdida.
Y cuando me imagino viejo,
con las manos arrugadas de tanto escribir esta misma plegaria,
te imagino ahí, besando mis dudas,
sosteniendo mi temblor, enseñándome que el amor no caduca
cuando se alimenta con ternura.
He sido hombre de muchos pecados, de rutinas rotas,
de promesas rotas, de madrugadas rotas,
pero tú has venido a coserme con aguja de paciencia
e hilo de caricias.
He dudado de mí
más veces de las que confieso, me he juzgado con dureza, me he llamado monstruo
cuando la soledad me devoraba, pero tu abrazo
fue mi absolución sin palabras, mi perdón sin ritos ni dogmas.
Contigo he aprendido a nombrarme humano, ni héroe ni villano,
simplemente humano, digno de un beso
aunque arrastre sombras, digno de un “te amo” aunque mi voz tiemble.
Es un sacrificio entregarme completo, sin reservas,
sin contrato de rescisión, pero el amor auténtico es un suicidio bendito del ego y la mentira,
y yo estoy dispuesto a morir cada día
si la resurrección es volver a tus brazos.
Creo en ti
como quien cree en la tierra después del incendio,
como quien cree en el agua después de la sed más cruel,
como quien cree en la luna aunque a veces se esconda.
Creo en mí porque tú creíste primero,
porque tus palabras me cosieron la autoestima
cuando ni yo mismo la encontraba entre tanta ruina mental.
Creo en el amor
con un fervor casi salvaje, porque es la única revolución que me queda
cuando el mundo me aplasta, la única trinchera
donde aún vale la pena resistir.
Y creo en el futuro porque tus ojos
me mostraron que soñar no era de cobardes, sino de valientes
que aman sin negociar la ternura.
Te nombro
como quien invoca un milagro, como quien necesita la fe
para no hundirse.
Te pienso
y mi caos se arrodilla, mi orgullo se desarma, mi voz se hace niño
y aprende a balbucear esperanza.
Quiero construir contigo un reino de pequeños gestos,
de manos enlazadas en domingos tristes, de miradas que vencen a la rutina,
de abrazos que curan los demonios cotidianos.
No aspiro a un amor perfecto, me basta un amor real,
uno que se mancha, que discute, que llora,
pero que no huye, que no se rinde, que no renuncia
ni siquiera cuando duele.
Hoy me declaro hombre en progreso, no terminado,
no pulido, no impecable,
pero sí empeñado en ser mejor,
en crecer, en aprender
que amar no es poseer, sino liberar,
no es dominar, sino abrazar, no es vencer,
sino acompañar.
Contigo he aprendido que el amor es evolución, es no repetir errores,
es sanar la palabra antes de que corte, es secar lágrimas
antes de que se queden a vivir en la mirada.
Si alguna vez fallo, me recordarás
que perdonarse también es acto de amor, y juntos,
con paciencia, con coraje,
seguiremos tallando
la mejor versión de nosotros mismos.
Esto no termina aquí,
porque no somos verso que se cierra, ni historia que se firma en un papel, somos un poema vivo,
cambiando, respirando, parpadeando futuros en la mirada del otro.
Hoy te escribo
con la sangre limpia de mis intenciones, con la tinta que brota
de este corazón entrenado en la guerra, y te juro,
sin pactos ni notarios, que si me eliges,
te elegiré, una y otra, una y otra,
una y otra vez,
hasta que el mundo nos quede chico para tanto latido.
Que si me caigo, te llamaré,
y si tú tropiezas, seré suelo mullido,
porque el cariño que siento es de esos que no huyen
ni en incendios ni en tormentas,
porque en tu voz encontré
mi salvación de cada noche en vela.
Así cierro este canto con un verbo vivo, no pasado
ni futuro sino presente:
te amo
en cada error, en cada duda,
en cada promesa,
y si el progreso es nuestra única bandera, alzaremos juntos este estandarte hasta que la vida nos reclame
de nuevo en su abismo.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.
Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in