Hoy la luna dice tormenta.
Yo la escucho, en el murmullo que hace el viento
la escucho,
sin cuestionar ni retrucarle nada,
como solamente oyéndola.
El soplo dice de un soñar que está muriendo
y yo hago que sí con la cabeza
mientras cuenta cuánto dolería
abandonarlo ahora
tan a mitad de camino...
Habla de un manto amarillo
en el que le acostó a dormir:
así, dice, morirá en donde pertenece.
Dice de un amor que perece
que casi a diario roza
con sus labios roza
los labios
de su propia muerte
y yo asiento,
digo sí con la cabeza porque entiendo
a la luna en su diciéndome:
quizá ya no pueda con estas
estas dos pérdidas de nuevo
y yo la entiendo.
Dice que una estrella murió anoche
no muy cerca ni muy lejos de su cama.
Todo esto dice y yo asiento
asiento y escucho, porque
qué otra cosa
qué otra cosa puedo hacer?
más que llorar con ella sus penares
más que hacer su luto con ella por nuestra muerte.
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