Hoy conocí a Koda, la nueva mascota de Lu. Después de meter algún chiste sobre cómo los gatos son mejores (lo son), me puse a jugar con él y me acordé de mi perro de chiquito.
Casualmente fue Lu quien me escribió un día en verano:
- hola Eze, ¿cómo estás?
- acá en Chapa, enterrando a mi perro
No lo veía hace unos meses porque el laburo en Mardel me estaba impidiendo visitar a mis viejos, y justo pude ir el día anterior a que se fuera Sirius. Se enfermó de golpe un domingo, no consiguieron un veterinario que hiciera urgencias a domicilio y decidieron llevarlo al otro día. Pero yo vi en esos ojos que el día que fui se estaba despidiendo, y no llegó al lunes.
Más allá del dolor del momento, me quedé con la tranquilidad de haber podido despedirme.
El dolor con Chami fue mucho mayor. Fue mi salud mental en pandemia, y la impotencia de no poder ayudarla fue inmensa.
Hoy ya no me duelen. Pienso qué es lo siguiente que me va a doler.
¿Otra mascota? ¿Otro amigx? ¿Otrx familiar?
Preguntas para las que no tengo respuesta. Por las dudas aprovecho el tiempo que todavía tengo con ellxs.
Si algún día vuelve a doler el corazón, es mejor que esté lleno para que se recupere más rápido.
Celebro entonces, todos los días, estar rodeado de gente que me lo llena.
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