Siempre quise ser un héroe,
salvar al mundo.
Sin embargo siempre empuño la espada contra mí mismo.
Me convierto en el villano de mi historia.
Las cicatrices son medallas de guerras perdidas contra enemigos invisibles.
El cuerpo, un campo de batalla que ya no puedo sostener.
Busco la razón.
Me esfuerzo por encontrar el sentido.
Y lo hay.
Es Dios.
Dios me susurra que no hay forma de escapar de lo que ya fue escrito.
Él trazó mi destino.
Él escribió el final.
Y en ese final no hay redención,
solo un héroe que no logró salvarse a sí mismo:
Un héroe suicida.
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