Después de caer y recaer en la tristeza
que siempre está ahí esperando con los brazos abiertos
para abrazarme fuerte
y encerrarme en ella unos cuantos días, semanas o como ahora, meses;
ya no identifico el tiempo,
con el peso de este abrazo
a veces parece eterno y otras fugaz,
tan fugaz que no tengo tiempo
de almacenar recuerdos
y ahora todo este tiempo
en mi mente es una laguna.
Habitar la tristeza es un trabajo sufrido, recorrer la herida de punta a punta
es demolerse con cada paso,
es difícil mantenerse en pie,
hay ratos en los que siento mi cuerpo desintegrarse con cada pulsion,
como se derrue con cada bombeo de llanto caudaloso.
Creo que tengo una represa en el sentir
que se reserva el agua
y la energía de mi cuerpo,
que a menudo se atasca y nada pasa,
no pasa nada,
se estancan las emociones
y no puedo advertir o controlar
cualquier posible apertura imprevista.
Tengo una represa,
que sostiene a voluntad y a su gusto
mi sentir.
Mientras tanto...
Fantaseo con abrazos,
abrazos infinitos,
abrazos ilusorios que nacieron tarde
y aún no llegan,
abrazos que acompañen,
abrazos que no existen,
abrazos ausentes e insustanciales
que no aparecen,
tan imaginarios que me acurruco entonces en abrazos mutilados,
que no rodean, ni aprietan,
no abrigan, ni refugian.
Tan Irónicos y escasos de confinidad, oxitocina, serotonina y dopamina.

Mica
Escribo, diría por gusto y placer pero es más por un impulso intrínseco con el que disfruto jugar con las palabras y la expresión.
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