Hoy ordene mi habitación cuidadosamente, en el placard, junto a las perchas con las camisas guarde mis ganas de vos, al final, al lado de la caja con ropa fuera de estación.
Ordené los libros de la biblioteca, de mayor a menor y por autores, como yo suelo hacer, y quedó un hueco; ahí podrás encontrar nuestra historia, aquella que fue demasiado buena desde su inicio y el final quita las ganas de seguir leyendo.
A los pies de la cama encontrarás a nuestro amor, que no es lo suficientemente caluroso para salvarnos de este helado invierno, así que está a los pies de la cama, junto a la fina colcha color marrón.
En el escritorio, junto a las fotocopias de la carrera, aquella de la que tanto hablé, están tus cartas, esas que juraban tu amor, las encontrás ahí.
Debajo de la cama, donde van esas cosas que uno no sabe dónde poner encontrás a tu ego y orgullo, ése que te impidió aceptar que ya no te amaba.
En la mesa de noche, ya casi no queda nada, me he llevado todo lo mío. Pero dejé lo tuyo, eso qué ya no quiero conmigo. Dejé tus penas, tu inseguridad y tu falta de atención.
Pero yo no me fui.
Solo ordené la habitación.
Nuestra desastrosa habitación.
Tus cosas aún están tiradas por la casa. Como los platos sin lavar y el jarrón que yo misma rompí. Aún está tu ropa pendiente de lavar y las plantas sin regar.
Solo ordené la habitación.
Yo sigo en la bañera.
En el mismo lugar que me dejaste la noche pasada.
En esta solitaria habitación.
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