En la infancia
jugaba a no ser.
Cerraba los ojos y era menos.
Nadie me llamaba.
Nadie me nombraba.
Entonces fui perfecto.
El lenguaje es una trampa
una jaula hecha de espejos rotos
donde cada palabra
devuelve una boca que no reconozco.
Quisiera decir "yo"
pero el pronombre me muerde.
Soy un eco de algo que no sucedió.
Hay un silencio
que me atraviesa como el río negro
y arrastra mis huesos
a la orilla de nadie.
He dividido mi cuerpo
en pequeños animales mudos
que no saben amarse.
Una mano que ya no me obedece.
Una piel que se esconde de sí misma.
Un vientre sin oraciones.
Quisiera morir
sólo para renacer sin memoria.
Ser una flor cerrada
en la lengua de alguien
que nunca sabrá pronunciarme.
Yo me escribo
para desescribirme.
Yo me nombro
para desaparecer.
El deseo es una habitación vacía
donde cada sombra
tiene mi rostro
pero no mis ojos.
He sembrado cuchillos
en mi garganta.
Cada verso
es un pétalo que sangra
con pudor.
Me despido de mí
en cada línea
como quien se arranca
una espina dulce
del centro del alma.

Giovanni Battista Manassero
Escribo para encontrar lo extraordinario en lo cotidiano, entre el absurdo, la nostalgia y el mate bien amargo.
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