Finalmente,
después de tanto,
todo aquello que nunca fue dicho,
todos esos gritos que tanto lucharon por salir,
aquellos reclamos que fueron silenciados,
las lágrimas que alguna vez fueron escondidas,
todo aquello que fue tragado
sin siquiera intentar digerirlo,
se rindió,
se apagó.
No quedó más que un nudo en la garganta,
no quedó más que una picazón en la lengua,
sólo quedaron labios lacerados de tanto morderlos intentando contenerse,
únicamente quedó ese silencio agónico
que tanto atormenta.
Pasaron horas, días, años,
y ese grito tan desgarrador
nunca fue escuchado.
Tanto luchó por salir,
tanto anheló dejar de callar,
que finalmente,
se quebró.
Ahora sólo queda un silencio desolador,
sólo quedan murmullos no dichos,
palabras rotas,
y un alma exhausta que se quedó agónica
de tanto gritar y gritar,
sin que nadie la escuchara.
Finalmente ese grito
se rindió,
se consumió,
hasta que sólo quedó
un silencio sepulcral
que consume todo a su paso.
Sólo quedó la resignación de un alma
que se quedó afónica de tanto gritar,
sin que nadie siquiera intentase comprenderla.
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