jugábamos en el patio del edificio
sentados juntos en las hamacas
me soltaste que estaba más flaca
y le agradecí a mi nuevo vicio.
jugábamos tranquilos y ahora desatentos
me lastimé y te grité sin querer
el enojo no era con vos, sino de tanto doler
de tanto fallar en el intento.
una mujer rubia nos habló de dios
y pensamos ¿justo a nosotros dos?
no pisamos una iglesia hace años,
nos sobrepasaron los daños.
noté que tus ojos ya no brillan
ni cuando me regalás flores amarillas,
ni cuando te beso la mejilla.
nos sacaron la inocencia,
nos dejaron grises de violencia.
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