Desde pequeño se nos enseña que los hombres no lloran, y así, nos acostumbramos a convertirnos en lobos, ocultamos el dolor que llevamos dentro, creyendo que mostrarlo es sinónimo de debilidad; sin embargo, al llegar a la madurez, comprendemos que el verdadero sufrimiento no se apaga con el tiempo, sino que se acumula en un silencio ensordecedor, y aunque perder a alguien a temprana edad puede parecer un dolor ligero, es con el paso de los años que ese peso se convierte en una carga insoportable que arrastra nuestra esencia, llevándonos a cuestionar el universo y a reflexionar sobre la naturaleza del mundo, donde exita la luz también coexisten la oscuridad; porque, aunque mi viejo ya no esté y nunca pude decirle que lo quise por pensar que me haría ver débil eso se convirtió en mi oscuridad eso tan simple pero tan significativo, mi familia es mi luz en esta vida fría y desoladora, y auque parezca insensible y distante, en realidad estoy trabajando para abrirme y mostrar el amor que siempre quise expresar, a pesar del miedo a ser visto como débil que me ha mantenido en silencio.
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