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Graffiti y sentimientos

Apr 9, 2025

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Graffiti y sentimientos
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Gran parte de las sociedades actuales han querido acelerar todos los procesos humanos, y entre ellos han querido exaltar las emociones que han señalado como positivas y forzar el bienestar, la felicidad, la paz interior y todo aquello que prometen los libros de autoayuda que vemos día a día en escaparates y tiendas de todo tipo; como si la fórmula infalible para ser una persona feliz se pudiera contener en algunas páginas y en oraciones sonoras que se acaban convirtiendo en mantras. Aún enfrentándonos a esta obsesión por la felicidad, no es igual de común hablar de sentimientos o sensaciones entendidas como negativas, y por ello ,el dolor o sus derivados no suelen ser un tema que tratemos con frecuencia .

No existe una forma específica para señalar lo que definimos como dolor o que nos parece digno de designar como doloroso. A partir de él, nacen muchas otras sensaciones que están igual de invisibilizadas ¿o no?. Hace meses que no vivo en la misma calle que he vivido toda la vida, y al llegar a la nueva no pude evitar tratar de analizar cada metro de ella para entender lo que iba a encontrar día a día al salir y entrar de casa. En mi calle hay un super, un par de bazares, algunas peluquerías, doce o trece portales y un grafiti muy grande que pone “triste”, y aunque esto parezca un detalle muy banal, destaca más al encontrar algunos metros más allá otro que pone “odio” y seguidos por otros de “amor”, “culpa”, “pena” y un largo etcétera que engloba muchas palabras que podrían parecer inofensivas vistiendo las paredes del barrio. Me resulta curioso escribir en el marco académico que ignoramos sistemáticamente los sentimientos negativos mientras que hace meses que leo sentimientos cada vez que entro a casa. El convivir diariamente con los sentimientos negativos me lleva a pensar si estos sentimientos son realmente están tan invisibilizados o simplemente hablamos de ello en espacios reducidos pero sin pensar que de estos no se deben hablar. Los graffitis solo son un resumen de que las emociones, incluso las marcadas como negativas, están en el día a día y son mostradas al mundo más sutilmente que las que construyen el ideal perseguible.

En lo académico, empieza a hablarse de que el dolor siendo tan amplio y abstracto, ha acabado encasillado en ciertos comportamientos y actos que parecen casi incuestionables, creándose un manual a seguir para que socialmente se sepa que una persona está atravesando algo que le genera “dolor”, y hace relativamente poco se ha empezado a cuestionar qué es el dolor y por qué se señala como algo transitorio, ocultable y sin la importancia suficiente como para vivir una ola de información sobre él como la que hemos vivido sobre la felicidad suprema en la última década. Al contrario, en lo que nombramos del día a día, en ciertos círculos (aunque no sean multitud) lleva hablándose de dolor y sufrimiento mucho más tiempo, y poco a poco va consolidando definiciones aplicables de esta etiqueta, y entendiendo que el dolor no es lo mismo ni se vive de la misma forma en cada persona. La conversación de algunos temas desde un marco teórico a veces no se ajusta tanto a la realidad, y no hay escritos suficientes para respaldar el por qué la generalizada sensación de dolor o sufrimiento que se respira entre las personas, que alabamos como el pico de la felicidad situaciones sencillas que el sistema productivista que vivimos nos han hecho perder. Suena casi chistoso que en una sociedad obsesionada con la felicidad, en la que la sección de autoayuda es la más visitada de las librerías, se premie el adaptarse a un sistema productivo basado en la pérdida de autonomía y la capacidad de decisión del individuo.

El dolor puede ser muchísimas cosas, y estas no siempre podrán entenderse a través de ningún autor o teorema, sino analizando la conversación del café que tomas con tus amigas, la actitud de tu vecina del segundo o mirando el graffiti triste que ves el día que te mudas a una ciudad completamente distinta. En el marco teórico, se necesita que autores y autoras escriban a través de un ojo que abarque todas las consecuencias sociales que hacen que los sentimientos se reflejen en las paredes pero no se hablen en meetings políticos o en esferas de poder.

Sara Hernández

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