Grace
Aug 18, 2024
En penumbras del desván… donde el polvo danzaba bajo la luz que escasamente se filtraba a través de las ventanas sucias, el tiempo se detuvo: lo sentí. Incluso cada reloj se silenció. <¿O finalmente resonó?>
Teníamos por costumbre visitar la casa de la abuela en verano, incluso después de su partida. Con los años cumpliendo tradicionalmente con este viaje poco y nada encontré entretenido durante julio de 1989, porque no imaginé que la creatividad comenzaría a fallarme a los once años, mucho menos que con las ansias de cumplir doce desaparecería la emoción de soñar, hasta que en casa de la abuela no volví a despertar.
Fue una tarde de verano y el calor del exterior se mezclaba con la fría atmósfera del lugar, creando un contraste que parecía casi mágico. Allí, entre sombras y telarañas, mi mano vaga y errante tropezó con un baúl de madera antigua, escondido cual secreto olvidado.
Al abrirlo, un aroma a cuero envejecido y papel anciano emergió. Fue un susurro del pasado; entre montones de objetos nostálgicos, encontré un diario encuadernado, su tapa adornada con el <Susan> grabado en dorado. Sentí un escalofrío y las manecillas se congelaron, como si el destino me hubiera guiado hasta ese momento. Mi abuela Susan, de quien escuchaba cuentos llenos de magia y misterio, había dejado algo más que recuerdos… había dejado mundo y vida, en cada línea escrita con una una caligrafía que parecía evocar un eco antaño: escuché con claridad su voz decir,
<Narnia>.
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