no hay cosa más humana que la de ceder a ti. a tu ternura feroz, tu carne latente. estás dotada de vida y converges vorazmente en lo más profundo de mi anhelo. me tocas, me miras, vives en mí. me tienes postrado en tierra, soy consiervo tuyo. recorres con deseo amoroso lo que te pertenece y de pronto quiero hablarle al mundo entero sobre tu imagen. alzo la mirada y te doy las gracias por tentarme con tu dedo corazón los labios. apresas mi cuello, saboreas mi calor. tomas mi rostro entre tus manos y llenas el aire con un largo silencio de devoción íntima. la tortura empieza y termina contigo. a ti clamo con mi boca que se regocija cuando la lleno con tu nombre, eternamente y para siempre, como si fuese la cura de todos mis males. estoy aquí y te confieso que soy tuyo y que volvería a nacer si me lo pidieras. ser de tu voluntad, revestirme con tu cariño, una y otra vez hasta el fin de los tiempos.
que ninguna cosa sea como yo quiero,
sino como tú lo desees,
pues fuera de ti no existe nada.
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