Ya no completo tus risas.
Tratamos el afecto del tiempo, se siente viejo;
somos natales de aquello añejo.
Trato con la llanura de silencio que recorremos
cada que nos tomamos de las manos.
En la simpleza de lo mundano a veces chocamos,
pero nada de lleno.
Yo no vacilo, tengo delicadeza cuando estoy contigo,
y te trato con pinzas,
porque así me inspiraste.
Pero te sientes como una muñeca en mis brazos,
rígida y fría.
Olvidé el rostro de nuestro comienzo,
y a como va la obra, el epílogo no promete mucho.
A lo mejor, hace un rato que vagamos moribundas.
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