Nadie entendería.
Ni siquiera tú.
que me has tenido tan cerca
que podrías haber sentido
cómo me deshago…
Porque mi fragilidad
no es bonita.
No es de porcelana limpia
ni de cristal brillante.
no hay gritos
que adviertan la caída,
no hay vidrios estallando
que anuncien el desastre.
Lo mío
es más lento
Lo mío es peor:
es deshacerse
sin ruido.
es ablandarme
con los días
hasta volverme irreconocible,
hasta que ya no haya estructura,
ni forma,
ni dignidad que sostener.
Mi fragilidad
no se ve,
pero pesa.
Pesa como un cuerpo muerto
que sigo cargando por costumbre.
La manera en la que me rompo
no es un instante:
es una rutina.
Un goteo constante
de algo
que ya no sé si es sangre
o lo poco
que quedaba de mí.
Lo que soy
no se puede sostener
sin temblar.
Si me tomas entre tus manos,
hazlo con miedo.
-No por cuidarme-
ya no hay nada que cuidar.
Hazlo con ese temor
de quien sabe
que está tocando algo
que se va a deshacer entre sus dedos.
Tócame
como se toca algo
que ya está perdido.
Como se acaricia a alguien
que sabes que no va a sobrevivir.
Con esa tristeza suave,
con ese miedo inútil
de quien sabe que cuidar
ya no sirve de nada.
Tal vez eso soy.
Un enfermo terminal
sin hospital,
sin cura,
sin nombre para lo que le pasa.
Una última etapa
que se alarga como castigo
Lo más cruel
no es morirme así,
lento
deshecha
irreconocible…
Lo más cruel
es que todavía siento.
Todavía te miro
con algo parecido al amor,
aunque ya no me alcance
ni para salvarme.
Si vuelves,
si decides tocar lo que queda,
te pediría
-con esta fragilidad absurda-
que lo hagas despacio.
No para salvarme.
Sino para no darte cuenta
de lo fácil que es
acabar conmigo.
Hazte frente a mí
Déjame abrazarte.
no para perdonarte—
sino para sostenerme
aunque sea un segundo más.
Abrázame.
Por favor…
pero hazlo como se abraza algo
que ya está a punto de colapsar.
Mírame.
Mira este estado vulnerable,
pero míralo bien,
sin apartar la cara esta vez.
Mis ojos—
hechos mares de lágrimas,
salados,
cansados,
desbordándose sin dignidad,
como si llorar fuera lo único
que todavía sabe hacer mi cuerpo.
No los limpies.
No los niegues.
No digas que todo va a estar bien.
Porque no lo está.
Mira cómo tiemblo,
cómo apenas me sostengo,
cómo cada parte de mí
está pidiendo rendirse.
Déjame…
déjame terminar de romperme
frente a ti.
Quiero que lo veas.
Quiero que seas testigo
de la forma exacta
en la que me deshago.
De cómo tu ausencia,
tu frialdad,
tu forma de irte
sin terminar de irte nunca…
me dejó así.
Porque sí
aunque te cueste sostenerlo en la mirada
tú eres la causa.
Eres la grieta inicial,
el primer quiebre,
la herida que no cerró
y terminó infectándolo todo.
Y aun así…
mírame qué absurdo,
qué patética
qué profundamente rota
sigo queriendo tus brazos.
Sigo buscándote.
Quédate.
Aunque sea esta vez.
Aunque sea
para ver
cómo termino de desaparecer
justo ahí,
entre tus manos.
Dame un último beso.
No importa
si mis labios están pálidos,
fríos,
partidos
heridos por esa manía
que nunca dejé
y que tú siempre odiaste
como si fuera lo peor de mí,
Bésame.
Bésame con lástima,
con ese resto de humanidad
que te quede en la boca.
Dime que me extrañaste,
aunque sea mentira,
aunque se te quiebre la voz
de lo poco cierto que suena.
Dímelo
para ver si algo en mí
todavía responde.
Mírame así,
desgastada,
frágil hasta lo obsceno,
temblando como algo
que ya no debería seguir de pie.
Déjame romperme.
Aquí.
En tu cara.
Sin esconder lo feo,
sin disimular lo roto,
sin dignidad que salvar.
Déjame caer
justo cuando me estás tocando,
para que sientas
lo fácil que es perderme.
Tenme lástima.
Sí, eso.
No amor,
no ternura real
lástima.
Porque es lo único
que tal vez te haga quedarte
un segundo más.
A ver si esta vez…
si esta vez,
viéndome así,
tan débil,
tan rota,
tan imposible de sostener,
puedes quedarte.
Aunque sea
hasta que mis labios
dejen de temblar,
hasta que el frío
termine de instalarse,
hasta que ya
no quede nada en mí
que puedas abandonar otra vez.
Déjame decirte que te extrañé,
con la voz cortada—
muy cortada,
hecha pedazos en la garganta
como si cada sílaba tuviera que atravesar vidrio
antes de salir.
Déjame decirlo mal,
temblando,
sin orgullo,
sin fuerzas para sostener ni siquiera mi propia voz.
Te extrañé…
así,
roto,
así incompleto,
como todo
lo que quedó de mí.
Y abrázame.
Abrázame fuerte
aunque sepas
que no hay nada firme que sostener,
aunque sientas
cómo me hundo
mientras intentas rodearme.
Abrázame
como si el cuerpo recordara algo
que nosotros ya olvidamos.
Abrázame
como se sostiene algo
que ya está colapsando.
Apriétame
y siente cómo cedo.
Cómo me hundo.
Cómo no hay estructura,
ni fuerza,
ni nada
que te devuelva el abrazo completo.
Apriétame lo suficiente
para ver si entre los dos
queda aunque sea un resto,
una chispa mínima,
algo torcido,
defectuoso,
pero vivo.
Porque solos
ya no somos nada.
Pero tal vez—
solo tal vez—
si me sostienes
mientras termino de quebrarme,
algo de los dos
pueda volver
siquiera
a existir.
Dime.
Dime que soy tu reina
otra vez,
aunque mi trono sea polvo,
aunque el reino que juraste cuidar
yace derrumbado
con tu nombre grabado en cada ruina.
Dímelo
aunque sepamos
que no queda corona,
ni tierra,
ni nada que gobernar
más que este cuerpo
hecho escombros.
Dime
que soy tu niña chiquita,
aunque ahora esté reducida
a fragmentos torpes de lo que fui,
a pedazos
que ni yo reconozco,
a restos
que ya no encajan
ni siquiera en mí misma.
Dímelo
aunque suene cruel,
aunque sea mentira,
aunque lo digas
mirando todo lo que rompiste.
Llora.
Llora ahora
que decías
que odiabas verme llorar,
¿Ya no?
¿Ya no te duele?
Mírame bien—
mírame caer
sin fuerzas,
sin orgullo,
sin nada que esconder.
Llora por esto,
por lo que hiciste,
por lo que dejaste de hacer,
por todo lo que se murió
Siente algo.
Por favor.
Aunque sea tarde,
aunque sea inútil,
aunque ya no alcance
para salvar nada.
Siente el peso
de este desastre que dejaste,
siente cómo aún respiro
entre los restos,
cómo aún te busco
con lo poco que queda de mí.
Y vuelve.
Pero vuelve de verdad.
No como antes,
no a medias,
no con un pie afuera
y otro aquí rompiéndome.
Vuelve
y quédate.
Quédate
aunque ya no haya belleza,
aunque ya no haya nada intacto,
aunque todo lo que encuentres
sea esto:
yo,
rota,
pequeña,
irreparable…
esperando
que por una vez
no te vuelvas a ir.

Fer
Nunca aprendí a domar la nostalgia de este cuerpo adicto a tu ausencia. Rezo por tu ternura y repito tu nombre como un padre nuestro fúnebre frente al vacío.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in