Antes creía
que el amor era avasallante,
como la fuerza del mar,
y mis límites debían desvanecerse
tras las nubes de un cielo gris.
Hoy, el amor me encuentra
en la serenidad,
en la tranquilidad.
Me refugia en un hogar
construido de hojas,
decorado con artesanías,
donde se esconden
las miradas cómplices,
los silencios que traen comodidad,
y los abrazos reconfortantes.
El viento me trae presagios nuevos,
y el río fluye en calma,
mientras las aves encuentran su camino.
La naturaleza que me conforma
se siente en paz.
Es una buena señal
el buen amor
florece en mi.
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