El poeta recita versos a su musa.
Pudiera pensar en una mujer castaña
y de pura casta andaluza,
pero quizá el corazón humano
sea un lugar
demasiado monótono y sucio
para guardar los versos
del desdichado amor.
Quizá la musa
sea el callejón de las flores,
o la mirada de amores
que la suave brisa se llevó.
La musa a veces escribe.
La joven de pura sangre
a veces derrama versos
y los convierte en besos
que deja en los cristales y en las mejillas,
versos que de Granada a Sevilla
dejan entrever
lo que tanto la musa sintió.
Al final la musa resultó ser esa mujer,
que con su negra mirada y su piel morena
dejó marca en el poeta
y se inmortalizó en una flor.
He aquí la clave de la musa,
la rosa de casta andaluza
que sirve al poeta de inspiración.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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