...
Una tabla en el naufragio.
Creo que si escribo tanto sobre el mundo, sus gentes, la política, el modo en que nos relacionamos, la manera en que tratamos lo que nos rodea, nuestro desprecio a tanto, es porque no estoy seguro de nada; ni siquiera de mí mismo.
Creo que intento comprender. Comprenderme.
No sé si estoy en lo cierto; lo cierto es que estoy aquí, cantó Rosendo desde ese Leño que hablaba de las maneras de vivir.
Vivimos como podemos, aunque queramos creer que es como queremos. Elegimos poco y mal. Nos peleamos, competimos, ansiamos, robamos, matamos... El Ser humano es un elemento extraño que partió de ser uno más entre el resto. Nuestra capacidad, variada, la hemos mal encauzado. Podría ser diferente; mucho, pero así andamos el camino, cual caballo de Atila, dejando todo arrasado a nuestro paso.
Nuestro instante en el Universo es la constatación de un fracaso. Quizás aún podría ser diferente, pero, al mirar alrededor, observo que no, que no queremos ni intentarlo.
Y así, acabo por no comprender. Ni a mí mismo pues soy parte del mal y partícipe por obra y omisión, del resultado.
Escribir me consuela de lo que soy. Solo eso me queda.
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