Hoy, mientras la madre ardía en los cielos, probé el amor — una sola vez, por llamarlo de algún modo. Con la yema de mis dedos saboree la orilla, sin atreverme a ir más hondo. Era agrio. Era espeso. Con textura de un algo, aquello que no deberia tragarse.
Madre me llamaba desde la cocina. El humo visitando el cuarto, tanteando el pasillo como quien no quiere molestar y esa salsa roja hirviendo que estallaba, estallaba, cada vez con menos paciencia.
Entonces pensé, las cosas que hierven demasiado terminan por salpicar.
Me alejé. Limpié la yema de mis dedos en el delantal y decidí no volver a acercarme.
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