Perdí el deseo...
Aquello que un día me hacía brillar, hoy apenas me sostiene.
Las cosas que amaba hacer se volvieron ajenas, vacías, como si ya no me pertenecieran.
Dormir se convirtió en mi refugio para no pensar.
Aislarme, en mi coraza para no sentir cómo la presencia de otros irrita mi alma cansada.
Como porque el cuerpo lo exige, no porque tenga ganas.
Existo agotada, incluso sin levantarme de la cama.
Si... la depresión se refleja en mi rostro.
Se viste con mi ropa, sonríe con mi boca, canta con mi voz y baila con mis pasos arrastrados.
Tiene 23 años, como yo.
Repite cada uno de mis movimientos, silenciosa, pegada a mi.
Decir su nombre da miedo, pero también le da sentido a este dolor que insiste.
No siempre lloro.
No siempre estoy triste.
Pero ella está ahí... esperando el momento exacto en el que la soledad me alcanza.
Me costó reconocerla.
Duele aceptarla.
Avergüenza admitirla.
Hoy no estoy sola: la depresión me acompaña.
Juntas enfretamos el mundo, la vida, el ruido, el silencio y todas las heridas que aún no cicatrizan.
Escucho voces que juzgan sin entender:
"Pero si no pareces depresiva".
"Yo nunca te vi triste".
Hablan desde la ignorancia de quienes solo miran lo visible.
Yo, en cambio, sé lo que cuesta continuar.
Cada mínimo gesto, cada paso, cada día.
Y aún así... sigo acá.
Existiendo.
Resistiendo.
Viviendo como puedo.
Felizmente depresiva.
-SA
venusenescopio
Bienveni@ a mi espacio, donde las palabras se vuelven mi refugio, mis preguntas y mi verdad. Escribo para entender y transformar mi sentir. ¡Gracias por estar acá!
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.
Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in