La exigencia enorme
Y a la vez tan impotente.
Solo grita enfurecido mas
La voluntad no la obedece.
.
Amaestrado a la muerte,
La desidia es su ataúd;
Y ha atoñado su virtud
Por creerse insuficiente.
.
Castrada la potencia
Por su propio narcisismo.
Le ha jugado en contra
La voz del perfeccionismo.
.
Ídose de sus manos
Han los dones de escribir.
Y el poder de su carácter
Ha cohibídose enjaulado.
.
Y surgen estas letras
Hermoseadas por el verso.
Traen cruda sentencia
A reprocharme por mi encierro.
.
La cárcel es la piel,
La carnalidad y sus nervios,
Cuya sensibilidad han regido,
A la mente vuelto siervo.
.
Y, si del arrepentimiento,
Habré forjado ciertos versos,
Alguna chispa habré prendido.
Quiero hacerlo un incendio.
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