En la quietud de la eterna noche,
donde el tiempo se deshace como polvo en el viento,
me pregunto quién soy o quien fui,
si alguna vez existí más allá del eco de mi pensamiento.
Las estrellas, lejanas y frías,
me observan con la indiferencia del universo,
sus luces mueren antes de llegar a mi piel,
como los sueños que se desvanecen en el despertar incierto.
¿Qué sentido tiene el latido en el pecho,
si el destino es la nada, el olvido?
Cada paso que doy es una huella en la arena,
pronto borrada por las olas implacables del olvido.
Busco respuestas en el vacío cielo,
pero el silencio es el único Dios que me responde,
y en susurros me recuerda
que la vida es una pregunta sin respuesta.
Y entonces,
en el abismo de mi ser,
solo queda la sombra,
la sombra del ser que nunca fui,
el reflejo de una existencia que jamás comprendi.

Mateo Gonzalez
Trabajo día a día para que el mundo sea un poco más justo, más empático y más tolerante, y prometo hacerlo hasta mí última bocanada de aire.
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