La noche es nuestra sentencia por
un entierro lleno de sentimientos.
Corazones rotos,
incapaces de sentir, de ver u oír.
El amor fue un destino que murió
con el silencio de la habitación.
Estrellas cósmicas se marcan en tus ojos,
caóticamente pintadas.
Retazos desprolijos de un complejo
dolor que alberga mi pecho en un
jarrón vacío.
Colores grisáceos pintan mi mundo,
aquel pozo en el que me entierro
cada vez más hondo.
Veo demasiado y, al mismo tiempo,
no veo nada; no hay nada en vos más
que un vacío inexplicable.
Quisiera comprender para comprenderme.
Oír el eco de tu voz fue un
movimiento rotundo.
Veo el ocaso algunas veces,
cuando la oscuridad se vuelve ahogante,
soñando estar allá arriba,
donde nadie pueda alcanzarme,
donde nadie pueda atraparme.
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