mobile isologo
search...

Estocada

Aug 14, 2026

61
Estocada
Start writing for free on quaderno

Estocada

Marisol Hernández Suárez

Por primera vez desde hacía varios meses, Antonio sentía calor por las noches, esa brisa agradable del inicio de la primavera, pero que no llega a ser el calor angustioso del verano en Xico, Vio a Sofia, quien luchaba por sacarse el vestido, ayudo a su esposa, con apenas dos semanas de matrimonio no se acostumbraba al calificativo, la joven seguía teniendo las piernas flacas y los hombros enjuntos y pequeños, lo que no ayudaba a disimular el embarazo.

-mañana voy a ir con el carnicero….

- ¿a qué?

-a ver si me deja estoquear unas reses…-Sofía enredaba los dedos en el cabello de Antonio, que era lacio y tieso como el suyo, muy oscuro.

-eso me da miedo, no me gusta…

-tengo que aprender, ya verás que cuando me vuelva torero nos iremos a vivir a otro lado.

-ahora solo quisiera una cama más grande…y que tu mamá nos dejara un rato en paz.

-ya sé Sofi….

-por la tarde debes ir a ver a mis padres…

- ¿y eso para qué? -Antonio se sentó, tomó uno de los pies de Sofía.

-Pedro ya arreglo los zapatos de torear, pero quiere que te los pruebes…

El muchacho quiso juguetear con los pies de Sofia, dobló uno de los dedos, ella jadeó de dolor- ¡déjame de una vez!! eres un burro!

-que chistosa Sofi…-Antonio miro entendió que su “mujercita” no estaba para cuentos esa noche, nunca habían discutido francamente, ni siquiera al saber sobre el embarazo, pero gracias a una estúpida broma, habían estado cerca.

Al amanecer Antonio se fue a ordeñar las vacas, luego tomó una taza de café con Sofía, ambos aún somnolientos-creo que mi mamá hará queso hoy, a lo mejor te enseña…

-si…que bueno…que te vaya bien…-El muchacho le revolvió el pelo como a un cachorro, sabía que Sofía solía ser más parlanchina, pero también que estaba cansada. Armado con la muleta y el estoque el joven caminó hasta el negocio del carnicero.

-buenos días….

- ¿Antonio? ¿qué haces aquí?

-Don Felipe…quiero pedirle un favor…

El hombre ya se encontraba cortando unos animales en canal, el olor a sangre fresca llenó las fosas nasales de Antonio, era casi agradable, metálico, similar a chuparse el dedo al cortarse- ¿un favor? No me digas que vienes a pedir fiado

-no…más bien es, si puedo ayudarle con las reses…quiero aprender a estoquear-El carnicero alzo la vista por encima del mostrador para ver el hatillo que el muchacho llevaba detrás, la muleta roja y el estoque brillante, un maletilla como tantos que buscaban vestirse de luces.

-ah ya…tú también quieres torear, como todos en el pueblo desde que crearon la plaza.

-¿a usted no le gustan los toros?

-claro que me gustan, simplemente sé que no es algo fácil, y más hoy con en día con todas esas excentricidades, ya casi ninguno es un torero clásico…

-Bueno, eso sí…pero a mí me gusta el toreo moderno, como lo que hace El Cordobés ¿entonces me deja?

-Pues yo creo que como Garza no ha habido otro, aunque mañana iré a ver a Eloy Cavazos, anda, ayúdame con esto y esperamos al empleado, luego nos vamos a mi terreno.

-muchas gracias…

-oye Toño….

-¿hm?-El hombre mostró una sonrisa socarrona por encima de los cuchillos con los cuales cortaba los bistecs, las hojas brillaban como espejos, afiladas y letales- ¿es cierto lo que escuché de mi vieja? ¿Qué ya tienes mujer…?

-eso…pues sí, nos casamos hace dos semanas…es Sofía, la hija de Doña Mariela.

-ah, la del zapatero… ¿y eso? Si estás muy chamaco, tienes 15 años y apenas te está saliendo el bigote-Antonio se tocó instintivamente arriba del labio, era cierto, era más bien lampiño.

-pues es que…vamos a ser papás…

-¡a cabron! ! pues eso si son buenas noticias! Yo pensé que su padrastro no la dejaba salir…

-pues no la dejaba…yo iba a verla

Pasado un rato llegaron a la especie de rastro improvisado que surtía de carne a buena parte de Xico, no era una gran industria, pero lo necesario para las necesidades del pueblo. Las manos de Antonio temblaban, aunque intentaba mantener la compostura, el carnicero sacó a una res de un corral.

-estas son más o menos pequeñas, creo que venían de ganadería brava, pero no pasaron la prueba, puedes torear dos o tres y -luego pues…-Antonio se acomodó la muleta en la diestra y el estoque detrás, junto los pies y sacando el pecho, tal y como lo había visto en “Ovaciones”

-¡eh toro!-La vaquilla, negra y astifina ignoro en un primer momento la llamada del muchacho, a la repetición corrió hacia Antonio levantando polvo con las patas, logró hacer unos pases torpes y deslucidos, pero que fueron bien celebrados por el carnicero.

-¡eso muchacho!

Cuando llegó la hora de la verdad Antonio se puso de puntitas, levantando la espada hacia la vaca, quien lo miraba ajeno a su destino, no había rencor ni miedo, solo unos enormes ojos negros con pestañas de muñeca respondían al joven lidiador. Antonio enterró la espalda con clase, justo en el punto donde según los estudiados, la carne es tan suave como la mantequilla, el animal, como si fuera un autómata pareció desactivarse cayendo al suelo en pocos segundos.

-muy bien, si hubieras estado en las Ventas te dan las dos orejas…

-Gracias…-Antonio miro a la res caída, tenía unas pestañas enormes, negras y mojadas, se parecían a las de Sofia cuando se ponía maquillaje, instantáneamente de arrepintió de ese pensamiento.

-Bueno, sigue con la otra

El segundo animal tuvo un final menos afortunado, Antonio alimentado por la confianza de su primer éxito, enterró la espada demasiado arriba, dejando el arma a la mitad, ¡provocando que el animal jadeara atragantándose y agonizando -! Antonio! ¡Sácale la espada! ¡Se ahoga! El muchacho obedeció nerviosamente, sacando el estoque y volviéndolo a meter con menos torpeza hasta que la vaca por fin cayó.

Antonio sudaba, tenía sangre en los dedos y también manchándole el pantalón de faena, sus piernas temblaban-mira…que no es tan fácil, esa carne no va a estar buena… espera, te daré un poco de carne para Sofía… ¿mañana nos vemos en la corrida?

-sí, y pasado mañana tengo la novillada ¡gracias, Don Felipe!

Medio pueblo acudió a ver la corrida grande de la fiesta, el mismo cartel del año de la inauguración Un mano a mano entre las dos grandes figuras nacionales Jesús Solórzano y Eloy Cavazos. Antonio intento absorber un poco de las maneras de aquellos dos, mientras y su padre y Sofía intentaban ocultarse del sol.

A la mañana siguiente y después de ordeñar las vacas el joven novillero fue a la iglesia, el presidente Municipal había organizado esa pequeña corrida para probarlo a él y a otros chicos de la región, sabía que no debía fallar. Al volver miro que Sofía apenas se estaba levantando, se cerraba la bata con lentitud, tenía la trenza enredada y con cabellos sueltos alrededor, Antonio tuvo unas ganas incontrolables de quedarse con ella, agito los pies nerviosamente esperando que aquello le calmara las ansias.

-ay Sofi…quiero ya sabes que…pero no puedo…

-yo también quiero…pero si dices que es de mala suerte….

-sí, será mejor esperar al final de la novillada.

Antonio asintió, mientras se desvestía para bañarse-¿me ayudas?

Sofía talló el cuerpo de su marido con intensidad, el muchacho temblaba pues debía de bañarse afuera de la casa para poder ser ayudado, el zacate dejaba roja la piel limpia y brillante, para continuar con el ritual su madre le prestó una crema corporal que cuidaba como oro, la espalda y hombros adquirieron un tono tostado y lleno de calidez.

-ya…ya es hora de comer Antonio….

Clara había preparado caldo de pollo, se supone que los toreros no debían comer nada pesado antes de la corrida, por si tenían algún accidente y debían pasar a la enfermería. El caldo era lo único permitido, después de comer llego el momento de vestirse. El padre del muchacho puso todas las piezas sobre la cama, las medias, las taleguillas, camisa, corbata, chaleco,  chaqueta, medias y las manoletinas que Pedro había remendado.

Ambos hombres se encerraron en la habitación, Sofía se fue con Clara hasta la cocina, donde la mujer se disponía a preparar una comida para después de la corrida, sea cual fuere el resultado. Sofia comenzó a partir la carne que les había regalado Don Felipe, separando la grasa blanca y mantecosa de la parte roja, brillante y de donde aún escurría un poco de agua tintada de rojo, señal que de acuerdo con su suegra indicaba la frescura del producto.

Clara puso los chiles a asar, los cuales enseguida desprendieron un intenso aroma mezclado con el ajo y la cebolla-esto huele mas rico que el mole de la boda…

-bueno, ese día aun estabas con tus ascos y ni siquiera comiste bien

-Es que casi no me gusta el guajolote, aparte Antonio tuvo que salir a corretearlo, por poco y se va al centro.

Dentro de la otra habitación el muchacho se colocó las medias blancas, ajustadas, marcaban la entrepierna y los contornos de los muslos, al poner las medias rosas, Esteban lo ayudó con cuidado de no dejar ninguna arruga para poder poner las zapatillas de torear. Luego llegó el turno de la taleguilla, brillante y barroca, con garigoleados apretados y que formaban una especie de flores de pedrería. Esteban cargó al muchacho para que se ajustaran bien en las ingles, le impresionaba como Antonio se enfrentaría a un toro, si apenas y pesaba unos 50 kilos.

-ya está…falta lo de arriba…

Esteban tomó una considerable cantidad de gomina que colocó en el cabello mojado de su hijo, Antonio se había dejado crecer un poco el pelo para poder colocarse el añadido, una pequeña decoración que iba en el cabello del torero. Finalmente llegó el momento de la chaquetilla, el capote de paseo bien liado a los hombros y la montera calada hasta las orejas. La metamorfosis había sido violenta, el torpe lechero se había transformado de pronto en un joven elegante, gallardo en su traje verde bandera y oro, con el capote de la virgen bordada.

-reza…y luego bajas a ver a las mujeres.

Antonio rezo, con fe y devoción, la religión nunca le había parecido tan real como en ese momento, después de mirar por última vez a la imagen de la Virgen de la Magdalena fue a ver a su madre y a su esposa

-ay mijo… ¡que guapo te ves!

-te ves…mucho más mayor-dijo Sofía, estupefacta, como si debajo de la seda y el oro apenas lo reconociera, fuera de la casa habia cohetes, el olor del humo llegaba hasta la casa, a lo mejor se escuchaba también el sonido de una tambora.

Clara abrazó al muchacho, le dio una bendición y lo dejó un momento a solas con su mujer-te amo Sofía…en unos minutos te brindaré el toro…

-Gra…gracias…yo también te amo…-Sofía lo abrazo también, sintiendo la dureza del traje, vio la entrepierna, parecía muy plana para lo ajustado que estaba-¿cómo…no se ve tu…?

-tengo todo bien aplastado, me duele un chingo, no te me pegues tanto…vamos…-Sofía rio, asintió y se separó. En la entrada de la casa ya había algunos vecinos ilusionados que acompañarían al joven novillero en el camino hacia su debut.

Antonio camino hasta la plaza, el día anterior había sido la corrida grande y aun había confetis en el piso, sus pulmones se llenaron del aroma a estiércol, a cuero y tela de las muletas recién almidonadas. Observo a los novilleros con quienes alternaria y se presentó con las cuadrillas, gente del oficio que aun no estaban bajo las órdenes de ningún matador de éxito y que rentaban sus servicios a cualquiera que quisiera arrimarse.

Antonio se removía nerviosamente dentro del traje de luces, estaba ansioso por empezar a torear, uno de los monosabios le entregó un papel con los nombres de los dos novillos que le habían correspondido en el sorteo. “Tormenta” de 420 kilos y “Molinero” de 390, más pequeño, pero nervioso y veloz según habían dicho.

Después del discurso de rigor, inició el paseíllo, Antonio camino al lado de Bruno y Felipe según el nombre del cartel. La banda comenzó a tocar “Cielo Andaluz” y el monosabio salió con el cartel que indicaba el nombre y el peso del primer novillo, correspondiente a Bruno. La faena fue buena, aunque torpe a la hora de matar, lo que le valió solo una vuelta al ruedo al muchacho, Antonio se preparó para su novillo “Tormenta” el animal era negro y con los cuernos muy finos y afilados, al salir y dar unas vueltas golpeó violentamente las tablas.

Sofía miró la faena, pálida y con una desagradable presión en el bajo vientre, El picador y los banderilleros tuvieron un par de problemas y la faena de muleta, por otro lado, fue bastante deslucida, Antonio pensaba que habían echado a perder a animal, pensó en matar rápido y esperar a tener mejor suerte con el siguiente, un hilo de sudor le escurrió por el esternón y sentía arena en las zapatillas. Al momento de matar brindó el toro al presidente, pues eso había hecho Bruno también, ya le daría el otro animal a Sofía.

Antonio también obtuvo una vuelta al ruedo, luego esperó para su segundo novillo, de forma temeraria, sabiendo que podría ser su única oportunidad se colocó de rodillas frente a la puerta de toriles, listo para recibir  a porta gayola, el pase fue limpio y el animal pasó a toda velocidad persiguiendo el capote

-¡oleeee!

La faena de muleta fue igualmente limpia, elegante, algunos derechazos acabados con varios pases de pecho por todo lo alto, inclusiva algunas manoletinas que pusieron de pie al respetable.

-quiero brindar este segundo novillo a mi esposa…Sofía…por ser la más guapa del pueblo-ella atrapó la montera con las manos temblorosas, nerviosa por el momento de la estocada. Antonio se colocó con la espada lista para matar, enterró los pies ligeramente en la arena y fue directo hacia los cuernos del novillo.

La espada cayó perfecta, derecha y fulminante, no hubo necesidad de usar el descabello, Antonio miró hacia el público que aplaudía con emoción, lanzó un beso hacia Sofía, los pañuelos blancos comenzaron a aparecer, aunque al muchacho solo le importaba el que debía sacar el presidente municipal

- ¡dos orejas para el xiqueño!-dijo el monosabio al ver los pañuelos asomarse desde el palco presidencial. Antonio salió en hombros junto con Bruno, Felipe fue menos afortunado puesto que las banderillas de su novillo le habían golpeado el pecho, dejándolo sin aire, al llegar a su casa entrego los dos apéndices a Sofia, ella las recibió con una sonrisa incomoda, estaban calientes y aun con sangre escurriendo, aun así el pelo era suave, casi como terciopelo.

Debido al agobiante calor armaron un escenario similar al de la boda, con una mesa larga en medio del patio-¡Sofia! ¡Quita la ropa del tendedero! ¡Que a lo mejor venga a cenar el padre!

Antonio se quito la chaquetilla y se aflojo la faja, estaba hambriento y demasiado cansado para quitarse las taleguillas, además creía haber perdido una uña, pues tendría sangre en las medias. En medio de la comida su padre menciono que la carne había sido de una vaca estoqueada por el novillero, algunos expresaron comentarios aprobatorios, otros no pudieron evitar mencionar que Antonio había echado a la borda una buena oportunidad al casarse tan prematuramente.

-Pues yo tampoco quería que se casaran, pero ya ve, si Toño no le cumple a la niña capaz que Doña Mariela le entierra el estoque.

-la mamá de la Sofia, tampoco es ninguna santa, si tiene 5 hijos de diferentes padres, solo Pedro le aguanta sus calenturas.

Antonio y Sofia estaban un par de lugares a la izquierda ajenos a la conservación sobre su destino, igual y como en la boda no habían podido tomar alcohol como el resto de los adultos, aunque fueran los festejados.

El novillero miro a su esposa, tenía adobo en el vestido, casi como el, quien tenía un manchón de sangre del novillo, aquella visión le perturbo, evitaba pensar en el parto, en su parte de responsabilidad en todo aquello, en lo que podría salir mal, se removió incomodo, con la taleguilla apretándole la entrepierna, se pasó la mano por el pelo pegajoso, lleno de gomina y sudor. Permaneció callado largo rato, comiendo y mirando la algarabía de la cena, hablo después de un largo rato

-el banderillero me consiguió otra corrida…en una semana, hasta la chingada, pero pagan bien, necesito lavar el traje ¿Crees que puedas desmancharlo?

-Si…seguro que si-dijo Sofia mirando los alamares ensangrentados, el dorado brillante ahora parecía cobre, desprendía un olor metálico, medio disimulado gracias al aroma de la comida.

-Gracias Sofi…vamos adentro, no se te olvide nuestro pendiente, que me gane las dos orejas con tu novillo…

 

marisol hernadez

Comments

There are no comments yet, be the first!

You must be logged in to comment

Log in