Hay un momento, brevísimo, en el que descubres lo que es la dignidad.
No es un discurso perfecto, ni una espada. No es un aprendizaje dulce, y no llega con aplausos, ni con aprobación.
Llega cuando un gesto mínimo revela una jerarquía invisible ante los demás, pero ya no para ti.
No hay una llamada “guerra de género”. No es que sea un hombre o una mujer.
El problema radica en la burla, la injusticia, la humillación, la falta de respeto, ante la cual nadie parece hacer nada: ni consecuencia, ni enseñanza.
Pero para mí sí. Y vaya que sí.
Porque me dijeron: “tú como mujer debes ser más racional”; “tú como mujer debes entender mejor”.
Me quisieron enseñar que necesitaba medicación. Que la inteligencia es indiferencia. Que la paz es soportar. Que una mujer inteligente sabe elegir sus batallas.
Nunca explicaron qué hacer cuando la batalla te elige a ti. Cuando la vergüenza te alcanza y te recuerda que has sido invisible.
La vergüenza es un animal disciplinado. Se sienta en la garganta y espera que obedezcas. Yo obedecí muchas veces. Y no quiero obedecer más.
Hay una diferencia profunda entre paz y sometimiento. La primera es elección. La segunda es costumbre, con ella carga el silencio. Silencio, no quiero ser más.
Defenderse no siempre es un acto heroico. En mi caso, a veces es torpe, desordenado, incómodo.
Y últimamente me acompaña el incandescente testigo, estilo de violencia.
Me atraviesa todo el cuerpo, se instala en mis pulmones, y abre mi faringe: el grito.
Tiene algo que el silencio no tiene: presencia.
No se trata de orgullo. El orgullo busca superioridad. La dignidad solo busca espacio.
El cuerpo se cansa de sostener la estética del silencio.
Y entonces no es rabia. No es orgullo. No es escándalo.
Es una mujer diciendo: no.
Y el mundo, que estaba acostumbrado a verla domesticada, lo llama exageración.
No es una revolución. No es un manifiesto. No es un desafío público.
Es apenas una decisión interna. Una declaración íntima: no doblarse ante la injusticia.
No permitir que el tamaño que otros te asignan defina quién eres.
No es heroicidad. Es existir con dignidad. Es tomar el espacio que te pertenece y no pedir permiso por ello.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in