No suelo tener rutinas.
No toco cigarros sin promesas,
ni respiro humos viciados.
Soy de soltar fácil
y de olvidar nombres a largo plazo.
Pero hay una mirada en un recuerdo,
una voz y un poema
que tocan la puerta en mi cabeza,
y me abraza por la cintura
con las manos frías.
Algo de esa química
se quedó en mi cuerpo,
aunque no fuera promesa,
se me filtró en la sangre
y en la noche me roza los nervios.
Permanece un respiro
susurrando un nombre
que yo no quería soltar
pero me estaba ensuciando el perfume.
Sé que no es amor.
Sé que no es necesidad,
ni nostalgia.
Solo algo fugaz en mi vida
que dejó una estela
y una proyección
difícil de respirar en el olvido.
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