Me duele el desencuentro.
Me frustra el ego compartirte.
Me duele no tenerte y me duele no ser tuya.
Me duele la ilusión perdida en mi mente
y tus ideas inconclusas.
Me duele tu forma de ser
y que no entiendas la mía.
Quisiera encontrarnos en el mismo punto,
en la misma vida.
Quisiera amarte como amo a quienes me cuidan.
Quisiera que todo fuera menos efímero,
para sentirlo más
antes de que caiga de mis manos.
Pero si nada puedo poseer ni tener,
tendré que aferrarme al desapego.
¿Comprendería tu soltura sin pasarla por el cuerpo?
Me refugiaré en la lectura
y en escribir poesía que nunca te leeré.
Me haré el desayuno y pensaré en cuánto lo disfrutarías.
Pero no estás.
Tus promesas vacías
se desplomaron.
Y vuelvo a caer en la palabrería sin hacer,
sin mover, ni crear,
más que el aire que respiro.
Vuelvo a caer,
a pesar de haberme prometido lo contrario
caigo en la ilusión,
en la fantasía de lo que nunca será.
Porque nunca te tendré.
Porque nunca me tendrás.
Porque tus manos están llenas
y las mías vacías.
Porque siento tener espacio para vos,
pero aunque quieras, estás lleno.
Lleno de todo,
menos de mí.
Por eso te dejaré ir.
Por eso deseo que sigas tu camino.
Para no verte más.
Para dejar de saber
que no estás en el mío.
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