Acercan sus manos a la persona que las ama, cuentan sus encantos y sus confesiones en el medio de las sábanas, el suspiro combinado al susurro de las estrellas. Un azabache que colma el cielo. No hay lugar donde no resuenen sus risas y secretos. Voy dejando caer mis guardias y vos, las que nunca nombraste. Me acomodo a tus diálogos diarios, donde tu realidad se combina con la mía.
El café de la mañana deja de llevar dos cucharadas; empieza a llevar cuatro. La cama se arruga de ambos lados, hay más platos para lavar, hay más verduras y unas que no me gustan tanto. Hay más botellas de shampoo en el piso de mi ducha y unas llaves iguales a las mías; su diferencia destaca en los colores. Las medias las arranqué a perder porque ahora las llevas vos, mis abrigos desaparecen mágicamente, se escuchan voces cálidas y "te amos" revoloteando las paredes. Los cuadros cuelgan y me devuelven un reflejo extraordinario que muestra nuestras figuras entrelazadas.
Estás acá, y te esperé toda una eternidad.
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