El amor no siempre ocurre en lugares memorables
A veces sucede en una cocina pequeña,
con olor a café recién hecho,
la luz oblicua del mediodía cayendo sobre los platos
y algunos vinilos viejos respirando polvo sobre la pared
A veces el instante más importante de tu vida
parece no darse cuenta de sí mismo
Vos estabas leyendo los títulos en voz alta,
sin sospechar que ciertas combinaciones de palabras
pueden abrir una grieta extraña en el mundo
Y entonces ocurrió
Como ocurren las cosas destinadas a quedarse
“Soledad te nombra mi voz”, dijiste.
Y algo dentro de mí
—algo antiguo, cansado, cuidadosamente escondido—
levantó apenas la cabeza
como un animal que vuelve a confiar después del invierno
Después sonreíste
“Quiero abrazarte tanto”
La frase quedó suspendida entre nosotros
mientras el vapor de la pava empañaba los vidrios
y el mundo continuaba girando allá afuera
con su velocidad inútil
Adentro el tiempo se había detenido
sobre tu boca pronunciando mi nombre
como si nombrar a alguien
fuera también una manera de salvarlo
“Hoy vine salvaje y tierno”, leíste después
Y pensé que eso era exactamente el amor:
algo capaz de destruirte el miedo
sin dejar de parecer una amenaza hermosa
Porque hay personas que llegan haciendo ruido,
arrasando habitaciones,
rompiendo el equilibrio miserable de nuestras rutinas;
y sin embargo traen consigo una ternura tan inesperada
que uno acepta el derrumbe
Entonces dijiste la última frase
“Porque esta noche estoy de tangos.”
Y todavía no sé explicarlo del todo,
pero hubo algo sagrado en aquella escena mínima:
los vinilos,
la cocina desordenada,
tu voz mezclando títulos ajenos
hasta convertirlos accidentalmente en poesía
Como si el universo, por un segundo,
hubiera decidido escribirnos algo
Y desde entonces cada vez que recuerdo ese mediodía
comprendo que el amor verdadero
no siempre necesita grandes gestos
A veces sólo necesita una habitación tibia,
dos personas sobreviviendo juntas al mundo
y una frase dicha al azar
que termina quedándose a vivir para siempre
debajo de la piel.
y así nació lo que hoy convertí en poema;
"Soledad, te nombra mi voz, quiero abrazarte tanto, hoy vine salvaje y tierno
porque esta noche estoy de tangos"
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