Los tiempos de sonrisas se han incinerado.
En lo más profundo de nosotros se ha engendrado un puñal
que pronto saldrá.
Qué los responsables de habernos llevado a albergar un puñal, se responsabilicen de donde se clavará.
No me interesa ya su destino final, si en el centro del laberinto del sueño donde se liberan los demonios de la consciencia, en el lugar más cómodo del pensamiento, o en lo profundo de un cuerpo
Bendita la sonrisa que supimos tener.
Bendita la sonrisa que no humedecio sus labios en las aguas de la vanidad
Desnuda nació, y magullada se fue.
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