Creía entender lo que definiría mi juventud, ese periodo entre el dominio total de mi adolescencia y la eventual, menos dramática, pérdida de ella. Pero ya no lo sé.
Creí erróneamente que había entendido cada caída y cada costra, y que podría reconocer cada cicatriz primeriza como el resultado de mis inexperiencias, hasta que terminaran de desvanecerse y me acordara de ellas sólo como algo que alguna vez conocí. Pero eso no fue verdad.
Llegaste tú, como algo que se imposiciona firme. Llegaste en pasos largos y ruidosos, como marchando en escolta, como anunciándote. En vueltas tímidas, y mucho más suaves de lo que yo había percibido, me moviste el mundo y me tiraste los muebles. Moldeaste, con dedos decorados y tacto inseguro, mi lóbulo frontal. Distorsionaste y volviste a armar, a tus anchas y a tu imagen, mis esquemas juveniles.
Presiento que cuando me plante a mí mismo reminiscencias adoradas, las más distantes, vas a ser tú lo que más se repita en fotogramas nublados. Cuando sea más y más y más grande, me acordaré de ti. Quizá no de la música que escuchas, tampoco de tus modismos más utilizados; eso se escapará, algún día, de mi memoria fiel. Pero formaré una idea de ti, de lo que significaste; achinaré los ojos y en mi mente modelaré los bordes de tu ser. Me acordaré cuando me dejaste en ceros, y con una paciencia que nunca conocí, me volviste a armar.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in