Hemos dejado de hablar hace tanto tiempo.
Y has dejado una huella tan profunda en mí, que ni el tiempo parece capaz de borrarla.
Te he escrito cartas de despedida y de odio a lo largo de todo un año, en noches y tardes de lluvia y frescura.
Y aun así, sigues enterrado en mí, como una espina clavada en el corazón.
Cuesta borrar a alguien que siempre quise que se quedara, pero que decidió por sí mismo irse al sentir que yo le hacía mal.
O eso decías.
No quiero borrar tus recuerdos, sino detener el veneno que me ha estado matando por dentro lentamente.
¿No crees que ya ha sido suficiente? ¿El haberme envenenado hasta la raíz?
A todo eso, se le ha sumado el sentimiento de quererte a la distancia. La cual se siente potente y extraña.
Potente, porque se convierte casi en obsesión añorar a alguien que, a la vez que te quiso, te dañó.
Y extraño, porque a pesar de todo lo sucedido, no dejo de quererte.
Aunque sé, que todo lo que vi en ti, y lo que veo cada día que pasa, son solo recuerdos. No es tu yo actual.
Porque ya no estás en mi vida. Has desaparecido.
Y solo quedan memorias.
Pero qué ironía, que yo siga aquí, evocándote en días de melancolía y bajón. Duele ver cómo yo soy la única que aún recuerda todo. Por eso, he decidido no demostrar cuánto me importas y cuánto me has importado, porque sería mostrarme vulnerable, y nunca volveré a serlo ante ti.
¿Cómo puedo atreverme a exponer la piel de cordero, frente al lobo que no dudaría en arrancar partes de mi pelaje otra vez?
Me dije a mí misma que no te buscaría ni te escribiría. Me lo prometí.
Pero… vamos. ¿Cómo puedo prometer algo que no sé si cumpliré?
¿Cómo puedo tirar palabras al aire solo para que el viento se las lleve?
Qué absurdo e ingenuo de mi parte afirmar hechos que no puedo garantizar.
Tan ingenua que he sido.
Tantas veces.
Lo fui contigo. Por mucho tiempo. Porque te quise de verdad.
Y tal vez sea raro seguir escribiéndote, cuando se suponía que no lo volvería a hacer, que ya no había más para decir.
Pero aún quedaba algo más para expresar, y es la escritura la que me ayuda a comprender todo lo que siento.
Ella saca lo bueno, lo malo, lo que duele, lo que inspira y todo aquello que simplemente necesita salir.
Y esto, algún día, se irá.
Esta añoranza, estos recuerdos, este cariño y este dolor, se desvanecerán.
Como hojas arrastradas por la brisa del viento, que junto al paso de los años hace volar los momentos viejos y deja que otros nuevos los reemplacen.
Cuando conozca a más gente, quizá empiece a olvidarte, así como ya lo has hecho tú.
Aunque, de algún modo, es probable que no deje de quererte. No lo sé.
Es bastante inocente decir que podría seguir queriéndote, porque estoy mintiendo.
Toda herida cicatriza con el tiempo, y el cariño que no se sostiene se evapora poco a poco.
Los “para siempre” al parecer no perduran: se dicen para no herir a quien queremos.
Solo lo que realmente se cuida y se ama, dura.
Yo, antes, tenía una flor.
Y esa flor, era el símbolo del cariño que alguna vez te tuve.
Pero ahora, se ha ido marchitando con los días, hasta el punto en que ha ido perdiendo todas sus hojas y se ha ido muriendo en cada instante que pasa.
La flor, al final, se despojó de todo lo que alguna vez formó parte de ella.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in