Me miro y no me reconozco,
el espejo me devuelve la pintura aguada
víctima del último huracán
ese que me golpeó con fuerza y dejó en evidencia lo único que tengo;
mis ruinas.
El laberinto donde escondía mi corazón cayó,
lo dejó expuesto, contaminado, casi ausente,
latidos débiles hacen vibrar los cimientos
cuando camino descalza por ellos.
Que no es para tanto,
dicen las voces;
que todavía podés levantarte y reír,
que no estás sangrando,
es un simple golpe, uno más del montón,
y desde afuera lo observan con expectativa;
ahí se levanta otra vez,
por el poder de Dios,
o el aumento de la dosis de la medicación
aunque tal vez el reposo haya tenido algo que ver.
¿Pero cómo te explico que se siente como la última caída?
Ni siquiera toqué el fondo todavía,
pero lo vislumbro desde acá,
sediento, preparado para atraparme y masticarme,
para cumplir el deseo de siempre;
desaparecer, no morir, solo no estar.
Me miro y no hay nada,
bueno, casi nada
solo los últimos trazos rápidos,
desordenados, desprolijos y violentos.

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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