Tambaleándome en la altura
de las montañas de caza,
o en la belleza
de los bordes enfermos,
con los luceros distantes
y el blanco guiño indescifrable,
malebrio andaba
de la respetada condena secreta.
¡Pronto, su primera mirada!
¡Allí, en el soplo del sol acurrucado!
Aurora, ternura, febrícula angelical;
tan calma o invencible,
inmensa se presentó.
Y mi lengua salió a saborear
los brillos que doraban,
los que llovían a su rapidez,
llegados al desliz
de infinitas sombras
capturadas en enamorado
silencio.
Entre nubes ígneas
llegaban sus abundantes regalos,
aquellos inocentes,
el ritmo que lleva la decisión,
y la tontería maestra.
Mi cuerpo, mi canto, mi caminar;
por rosado fuego
o por negros barros,
encontraba al endiosado origen;
al de su mezcla.
--
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffeeOur picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in