Escríbeme un jardín, donde se cultive la ternura.
Escríbeme un jardín,
Cuya puerta sea la calma.
Que al pasar las ramas me acaricien los cachetes.
Y los pájaros, pequeños heraldos de dulzura, me canten delicadeza.
Donde el aire se respire como un poema.
Y Que el agua sea un reflejo de mi mundo fragil.
Escríbeme un jardín,
Donde los ecos sean tan suaves,
Que la tristeza se convierta en un rumor dulce.
Y el tiempo, en su danza serena, no pase nunca.
Que las mariposas se posen como esculturas en mis hombros.
Y el viento me toque como una mano invisible.
Escríbeme un jardín,
Donde el sol sea un abrazo cálido.
Y el olor de las flores un balsamo dulce.
Donde te pueda respirar hasta los pulmones, porque el aire es tu voz.
Y Que mis lagrimas sirvan para regar las plantas.
Escríbeme un jardín,
Donde tu seas el jardín.
Y quieras cultivarte con mi presencia.
Hasta que poco a poco,
Las raíces me vayan apresando los pies, y las ramas se me enrieden entre las manos, y las flores me atrapen.
Que me deglute y me digiera.
Y yo también sea jardín.
Y seamos jardín.
Y ambos personifiquemos a la ternura.
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