Aquella noche estabas tan radiante; brillabas de una forma única e indescriptible. Estabas tan hermosa, tan tú. Que ese “tan tú” se quede para siempre: teniéndote como prioridad, amándote de una manera extremadamente mágica. Pero recuerda, la primera persona que amarás sobre todas las cosas es Dios.
Quiero que el Señor esté en cada proyecto, que conozca mis inseguridades e ideas locas. En el momento en que creía que no podía salir de aquella ciénaga, estuvo presente. En aquellas noches oscuras y esas madrugadas nostálgicas, no me dejo sola; cuando me estaba perdiendo a mí misma, cuando la mochila se volvía cada vez más pesada me abrazó en silencio. Simplemente agradecida estoy, y estaré eternamente agradecida.
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