y cada uno de nosotros es más o menos victima del sueño de los demás -dice deleuze-
entonces yo fui condenada a sufrir el tuyo -digo-
fui devorada por el sueño.
mientras tanto en mi pesadilla
a todas mis palabras se las llevó el viento,
me quedé muda.
te volvías cada vez más gris
todo vos te ibas desvaneciendo
(pero no lo confundas con olvido. el olvido no existe)
me castraba el lenguaje; sabía que sí pronunciaba una sola palabra
tus manos
tu pelo
tu sonrisa
se irían más rápido.
prefería soñarte muda.
tus palabras ya no eran tiernas
ya no eran exactas
ya no eran precisas.
tu voz ya no pronunciaba mi nombre suavemente.
una noche me desperté de tu sueño,
de mi pesadilla,
recuperé la voz
(o pensé que lo había hecho)
pero toda la ternura que me quedaba en las manos era imitación
y todas las cosas que no me dijiste se convirtieron en un eco eterno que resuena en mi memoria. todo lo que no te dije busca respuesta.
pero ya no sos vos, ya no es tu voz;
es el recuerdo
es aprender a desconfiar del sueño.
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