¿Soy más mis palabras? ¿O soy más mi boca reseca de ahogadas palabras?
El juez que dictamina lo válido me deja en una especie de limbo,
entre lo que soy y lo que quiero ser,
entre lo que digo y lo que callo.
Un juez invisible se convierte en un dictamen de certezas,
donde, irónicamente, esas certezas no se encuentran.
Debido a esto, busco entre naufragios perdidos,
de los cuales fueron grandes fragatas llenas de vida y ambiciones.
Conquistadores innatos que dejaban la piel en busca de lo desconocido,
de esa certeza divina que complace a ese juez.
¿Estático habrá que quedar en esta vida?
¿No naufragar para no quedar a la deriva?
Realmente no lo sé.
Oxígeno queda poco.
Gracias a esto, voy a vivir mucho,
dijo el ermitaño.
Entiendo otra cosa:
palabras mojadas para saborear mejor,
gargantas resecas para afinar mejor.
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