me acompaña un silencio ensordecedor, soy
rehén de aquel parámetro de tiempo en el que ya
no habito.
recuerdo, extraño, recuerdo. se repite el
patrón que como caníbal se alimenta de mi fé.
intento exiliar de mi neurótico cerebro aquel
momento en el que me sentía en casa
(aquella que nunca fue construida para mí)
dejar de sostener la creencia en la
que la ternura significaba un te amo a medias,
la dicha a mi nulo entendimiento de la
perversidad.
quizás este solo sea otro epítome del
sufrimiento de una mente con recuerdos,
atrapada en su ausencia marcada de forma
omnipotente.
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