Mi alma lloró, pero mis ojos callaron,
mi cuerpo tembló y mis manos no hablaron.
Pedí perdón con el alma en pedazos,
pero el corazón me ató con sus lazos.
Mi voz se quebró en un grito perdido,
labios cerrados negaron sonido.
El pecho sangraba con llanto escondido,
y todo mi ser quedó adormecido.
Caminé entre sombras de frío profundo,
buscando respuestas que no da el mundo.
Un eco lejano me quiso guiar,
pero en la distancia se volvió a apagar.
El tiempo castiga, me arrastra, me hiere,
como lluvia helada que nunca se muere.
Mis pasos se pierden en su desvarío,
y el alma naufraga en mares de frío.
Mas dentro del pecho persiste una luz,
aunque esté cubierta de sombras y cruz.
Semilla dormida que quiere crecer,
susurra en silencio: “Aprende a volver”.
Quizá mis lamentos se tornen canción,
y cure con versos la herida y pasión.
Mis labios algún día podrán despertar,
y mi voz al fin logre resucitar.
Paola.z
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