A veces me despierto con el miedo,
un susurro en mi mente que no se va,
me dice que todo lo que he hecho,
puede desvanecerse en un solo día más.
Las cicatrices son historias calladas,
marcas de batallas que no se ven,
y aunque he luchado, aunque he intentado,
la sombra regresa, no sé qué hacer.
Mis padres miran con ojos preocupados,
no saben el caos que hay en mi ser,
temo que un día me atrapen en llanto,
que vean mis miedos y no puedan entender.
Quiero ser fuerte, quiero seguir,
pero a veces el dolor me quiere atrapar;
las ganas de huir son un grito sutil,
una voz que me dice que ya no puedo más.
Pero sé en el fondo que hay luz en el cielo,
que hay días mejores esperando por mí;
aunque hoy me sienta perdida en el duelo,
hay sueños y risas que quiero sentir.
Así que respiro y cuento hasta diez,
me aferro a la vida aunque duela pensar
porque sé que hay paz en el amanecer,
y aunque caiga mil veces, siempre puedo levantar.
Así sigo adelante con pasos temerosos,
con un corazón lleno de anhelos por ver
y aunque a veces sienta que todo es espinoso,
hay una chispa
a dentro que quiere renacer.
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