Quiero congelar esa imagen y que habite siempre en mí. Está acostado, todavía durmiendo, atrapado en los últimos sueños de la mañana. Sus párpados cerrados me transmiten una tranquilidad absoluta. Se ve tan pequeño, tan tierno, que despierta en mí unas ganas infinitas de cuidarlo.
No quiero despertarlo; sin embargo, no puedo evitar mover mi mano y acariciar su pelo, sus mejillas. Dibujo mil caminos en su rostro y él me responde con una sonrisa. No quería romper su paz, pero se ve tan hermoso, tan perfecto… parece etéreo, casi fantástico, un sueño absurdo. En ese momento recuerdo que sí es real, que yo le pertenezco y él a mí, y que cada mañana puede regalarme este instante, si quisiera.
Tan delicado y suave, sigue haciéndose el dormido mientras yo saco fotografías con la mente. Y si alguna vez me pierdo en la duda de qué me unió a él, con solo recordar este momento, al vislumbrar los archivos fotográficos de mi memoria, voy a saber la respuesta.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in