Hurgo
en mis
sentimientos.
Hay evidencias
de dolor,
malestares disonantes.
Mal de ojos,
mal aire,
mal de amores.
—El amor ha muerto.
Debía haber escrito
Nietzsche,
en la pretensión
de explicar el latido
de un corazón ausente.
En el fondo de la existencia
nada el amor,
el amor nada.
Quiero creer
que, mientras enfermo,
sano.
«La muerte
del amor
se escribe sola».
Desde mis manos,
que van perdiendo
motricidad.
Están en huelga.
Quieren reposo
al tacto.
Piden,
desesperadamente,
ser amputadas.
Se niegan a escribir
tu nombre,
con el que naciste.
Al hacerlo,
estarían nombrando
su enfermedad,
y no quieren aceptar
que, mientras sano,
enfermo.
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