Don Benjamín dice que la meditación es un método especial para concentrar energía consciente, y que así uno puede vencer la inercia psíquica, o al menos disponer de los recursos energéticos para oponérsele. Porque, entre mayor energía tenga el complejo que uno quiere vencer —es decir, entre mayor sea su fuerza gravitacional—, mayor energía consciente se necesita.
—Hay que darle espacio a la conciencia, muchacho… —me dijo—. Yo fumé ocho años, pero cuatro de esos fueron preparación para dejar de fumar. El día que ya tenía suficiente energía, ese día paré. Una acción así, para el observador desprevenido, podía parecer imprevista, y todos me decían que uno debe dejar el hábito progresivamente. Pero esa acción no tenía nada de repentina.
Poniendo la mano en mi hombro, continuó:
—Ombe, Santiago, primero mire cuál es su complejo, sabórelo, y después discipline su espíritu. Coja un método, el que sea, pero que le sirva para acumular energía consciente. Eso que la gente llama voluntad no se adquiere gratuitamente. Tome un hábito y cultívese ahí, concentre todo su esfuerzo, repítalo, y verá cómo su Yo va creciendo y se convierte en un amo justo. La técnica es infinita, la técnica de cualquier cosa, y para dominar esa infinidad se requiere práctica. Practicando, usted está construyendo su espíritu, no solo un talento. Pero tiene que hacerlo con ese propósito, porque si no, de nada sirve.
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